Cómo preparar las facturas de proveedores antes de enviárselas al gestor
Cómo preparar las facturas de proveedores antes de enviárselas al gestor
La mayoría de artículos sobre esto se resumen en "organízate" y "no lo dejes para el último día". Eso es un consejo, no un procedimiento. Aquí tienes un procedimiento: una revisión de seis puntos que aplicas a cada factura cuando llega, el cálculo de lo que te está costando la entrega actual, y la regla que decide si ese papel es una factura deducible o un souvenir caro.
Empecemos por el número, porque cambia la perspectiva. El informe *Accounts Payable Metrics That Matter 2025* de Ardent Partners sitúa el coste medio de procesar una factura en 9,40 $, frente a 2,78 $ en las organizaciones más eficientes. La diferencia no está en el software: está en lo completo y limpio que llega el documento. No eres un departamento con 10.000 facturas, pero la proporción escala hacia abajo. Si manejas 120 facturas de proveedor al trimestre y dedicas cuatro minutos a cada una —buscar el PDF, renombrarlo, contestar la duda del gestor—, son ocho horas por trimestre. Un día entero de trabajo, cuatro veces al año, archivando.
La buena noticia: casi todas esas horas desaparecen si arreglas el documento una vez, cuando llega, y no tres meses después cuando ya nadie recuerda qué era.
Los seis puntos que deciden si una factura es deducible
El artículo 6 del Reglamento de facturación (Real Decreto 1619/2012) enumera lo que debe contener una factura completa. Tu gestor no es tiquismiquis cuando te devuelve una: un documento al que le falten esos datos no es jurídicamente una factura y el IVA soportado no es deducible con seguridad. Repásalos en el momento en que la factura entra:
- Número y, en su caso, serie, correlativos dentro de cada serie.
- Fecha de expedición (y fecha de la operación, si es distinta).
- Nombre y apellidos o razón social completa de las dos partes: la del proveedor y la tuya. No el nombre comercial.
- NIF del emisor y, para poder deducir, el tuyo como destinatario.
- Descripción de los bienes o servicios, con precio unitario sin IVA y los descuentos aplicados.
- Base imponible, tipo de IVA y cuota desglosada por separado, más la retención de IRPF si procede.
Diez segundos por documento. Lo que no pase el filtro vuelve al proveedor esta semana, no en octubre: una factura rectificada se consigue fácil mientras el proveedor recuerda el trabajo, y es casi imposible de perseguir cuando el trimestre ya cerró.
La trampa del ticket: la fuga que no ves hasta que te inspeccionan
Es el error más frecuente y el más caro. Una factura simplificada —el ticket de la gasolinera, la ferretería, el restaurante— existe legalmente, pero por defecto no te permite deducir el IVA. Para poder deducirlo, esa factura simplificada tiene que llevar las menciones adicionales del artículo 7.2 del mismo reglamento: tu NIF y domicilio, y la cuota de IVA repercutida consignada por separado.
La consecuencia práctica: cada vez que aceptas un ticket sin pedir que te añadan tus datos fiscales, estás regalando el IVA. En una compra de 200 € al 21%, son 34,71 € de IVA soportado que no vas a recuperar. Dos veces por semana, unos 3.600 € al año. Pídelo en el mostrador, antes de pagar: después no lo arregla nadie.
Si dudas de qué gastos merece la pena perseguir, en el IVA soportado que pierdes cada trimestre están las categorías donde más se escapa.
El paquete de entrega: qué necesita realmente tu gestor
Un gestor no quiere "la carpeta". Quiere archivos que pueda contabilizar sin abrir una conversación. Tres reglas eliminan el 90% de la fricción:
Una factura, un archivo. No un PDF de 40 páginas con todo escaneado del tirón. No tres facturas en la misma foto. Si una factura ocupa varias páginas, van juntas en un archivo, y solo esa factura.
Un nombre de archivo que sea una fila de base de datos. Usa `AAAA-MM-DD_proveedor_importe.pdf`; por ejemplo `2026-07-14_iberdrola_142-30.pdf`. Se ordena solo cronológicamente, los duplicados cantan a simple vista y tu gestor encuentra un documento concreto sin preguntarte.
Originales digitales, no fotos de pantallas. Si el proveedor te mandó un PDF por email, envía el PDF. Una foto de un monitor con un PDF pierde el texto, gana reflejos y obliga a teclear a mano. Fotografía solo lo que exista únicamente en papel: en plano, con luz natural y con las cuatro esquinas dentro del encuadre.
Y una más que se pasa por alto: manda la factura, no el pago. Un justificante de transferencia demuestra que pagaste, no qué compraste, y no lleva desglose de IVA. No sustituye a la factura.
Mensual, no trimestral: lo que cuesta el retraso
Mandarlo todo la última semana antes del plazo es la costumbre por defecto y la cara. Dos motivos, uno blando y otro con precio.
El blando: tu asesor no puede reclamar una factura que falta o está mal en 48 horas. Enviada mes a mes, hay semanas de margen para sustituir un documento defectuoso y que aun así entre en el trimestre correcto.
El del precio: si el desorden te empuja a presentar fuera de plazo, el artículo 27 de la Ley General Tributaria aplica un recargo del 1% más un 1% por cada mes completo de retraso, que llega al 15% más intereses de demora pasados doce meses. Sobre un IVA de 4.000 €, tres meses tarde son 160 € pagados por desorganización.
Bloquea 30 minutos recurrentes el mismo día de cada mes —el día 5, por ejemplo— y envía el lote. Si tu cuello de botella es agosto o los turnos de vacaciones, tenemos un plan para cerrar el trimestre con media plantilla fuera.
El criterio para una factura que llega tarde
Aquí la gente o entra en pánico o presenta una complementaria innecesaria. El criterio es sencillo.
Según el artículo 99 de la Ley del IVA, el derecho a deducir se puede ejercer en el periodo en que soportaste la cuota o en cualquiera posterior, mientras no hayan pasado cuatro años desde el nacimiento del derecho, siempre que la factura esté correctamente anotada en los libros registro. Es decir: una factura de junio que aparece en octubre no está perdida. En la inmensa mayoría de los casos, se registra y se deduce en el trimestre en curso. No se rectifica la declaración presentada y, desde luego, no se tira la factura.
La excepción que conviene avisar al gestor: una factura de un ejercicio anterior afecta al resultado de Sociedades o de IRPF, no solo al IVA. Esas se entregan aparte y con una nota, no mezcladas en el montón del trimestre.
Y antes de contabilizar nada, comprueba que no esté ya dentro. Los duplicados llegan solos: el proveedor manda la factura por email, el repartidor deja una copia en papel y luego llega el recordatorio del extracto. En cómo cazar facturas duplicadas antes de contabilizarlas están los controles que funcionan.
Cinco cosas por las que tu gestor te va a escribir
- Fotos ilegibles: bordes cortados, una sombra sobre el total, el dedo tapando la base imponible.
- Conceptos sin contexto: un "servicios varios" de 1.800 € sin explicación de a qué corresponde.
- Gastos personales y de empresa mezclados en el mismo lote y sin avisar.
- Abonos que faltan. Si el proveedor emitió una rectificativa, manda los dos documentos juntos o los números no cuadran.
- Facturas de proveedores extranjeros coladas sin aviso. Las adquisiciones intracomunitarias suelen ir por inversión del sujeto pasivo y necesitan el VAT del proveedor. Sepáralas.
Una corrección de calendario, ya que estamos
Si has leído que Verifactu era obligatorio en 2026, esa fecha se movió. El Real Decreto-ley 15/2025, publicado en el BOE del 3 de diciembre de 2025, aplazó los plazos a 1 de enero de 2027 para los contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades y a 1 de julio de 2027 para el resto de obligados, autónomos incluidos. Conviene tenerlo claro porque afecta al software con el que emites, no a las facturas de proveedor que recibes, que es de lo que va este artículo. El detalle está en nuestro artículo sobre Verifactu.
Convertir la entrega en una rutina de dos minutos
Cuando la revisión anterior ya es un hábito, lo que queda es teclear: leer base, IVA, total, fecha, proveedor y NIF de cada documento y meterlos en un Excel o en el programa de contabilidad. Esa parte sí merece automatizarse.
El planteamiento que sobrevive al contacto con un equipo real es el que no exige app nueva ni formación: en cuanto llega la factura, se reenvía a un número de WhatsApp y vuelven los campos ya estructurados. Quien tiene el papel en la mano —el jefe de obra, quien está en el mostrador— puede hacerlo sin entrar en ningún sistema. Si estás en el lado que recibe, WhappScan para gestorías y contabilidad está construido justo sobre ese flujo: el cliente envía, tú recibes filas limpias.
El orden importa: automatizar la extracción no arregla un ticket que no lleva tu NIF. Primero el documento, después el tecleo.
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